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  • ¿Te has encontrado alguna vez ante un paciente agitado?
  • ¿Cómo deberíamos actuar en esa situación?

Analizamos las cuatro estrategias principales para abordar a un paciente en escalada de agitación. Recordarlas te ayudará a tenerlas más frescas a la hora de ponerlas en práctica, y seguro que también descubres algún nuevo detalle que complementará tu aprendizaje.

La primera y más importante estrategia de contención es la PREVENCIÓN.

Las medidas preventivas son tanto o más necesarias que las medidas de actuación ante un escenario de agresividad, ya que si lo conseguimos, estaremos evitando riesgos y daños. Además, también evitaremos que otros individuos de su entorno desemboquen también en crisis agresivas «por contagio».

Como norma básica, recordar que, en una situación de crisis de agresividad, además del profesional que interactúe con el paciente o usuario para intentar hacerlo desistir, el resto de personal disponible también estará preparado y alerta por si ha de actuar. No es recomendable dejar a la persona agitada sin supervisión mientras dure la crisis, incluso aunque se decida que el individuo puede necesitar estar solo, o en aislamiento.

1.- Contención verbal o Desescalada Verbal

El término “desescalada” se utilizó por primera vez en discursos sobre prevención de la violencia en salud y asistencia social a mediados de los años ochenta (Hallett & Dickens, 2017).

El proceso comienza delimitando la situación, luego pasando a la aclaración del problema con el paciente, seguido por llegar a una resolución. Por otro lado, si quien realiza esta técnica controla sus propias emociones y expresa respeto y empatía por el paciente a quién está tratando de calmar, las probabilidades de éxito son mucho mayores. (Bowers, 2014).

Sobre Desescalada verbal tendremos vídeos centrados exclusivamente en esta técnica, por lo que ya entraremos en profundidad más adelante.

2.- Contención farmacológica

Se trata de una medida puntual, de “rescate”. Normalmente se ofrece tras una intervención verbal, después de establecer un vínculo con el individuo. Nunca se debe utilizar como castigo, todo lo contrario, es una medida terapéutica que beneficia a la persona, no un recurso para solucionar un problema de quien lo atiende.

Los fármacos utilizados pueden ser ansiolíticos, antipsicóticos o pautas combinadas bajo prescripción médica, que se administran por vía oral o intramuscular (Knutzen et al., 2013).

3.- Contención ambiental/espacial

Cuando la agitación está presente, es esencial tomar precauciones para garantizar la seguridad inmediata de otros pacientes y del personal. Se deben retirar las fuentes que producen mayor excitación en el paciente, como luz, ruido o corrientes de aire, incluir o excluir a algunas personas, ya sea personal del centro, familiares u otros pacientes, y evitar las interrupciones. Es importante mantener una distancia segura y respetar el espacio personal, pues el contacto directo intenso y prolongado puede ser percibido como una amenaza (Bak et al.,2012; Kaltiala-Heino et al., 2000; Knutzen et al., 2013; Steinert et al., 2010).

Como último recurso de contención ambiental o espacial disponemos de una sala de aislamiento o habitación de contención. Esta es una medida de restricción ambiental que busca parar una conducta disruptiva o un estado de agitación psicomotriz recluyendo a la persona en un lugar seguro del cual no puede salir libremente. Su utilización debería ser siempre en un lugar con mínimos estímulos, confort adecuado, seguridad, vigilancia, duración y una ubicación convenientes. Debemos dejar claros los objetivos de su uso, pactando con la persona tiempos y condiciones; finalizándolo cuando se hayan conseguido los objetivos. Muchos conocemos las salas de time out o seclusion room. Son unos espacios de aislamiento del paciente sin requerir el uso de la fuerza y de la contención mecánica.

4.- Contención mecánica

Existen situaciones clínicas en las que las técnicas verbales, ambientales y farmacológicas no son suficientemente efectivas y el uso de la contención mecánica puede ser necesario para evitar daños a sí mismo, a los profesionales que lo atienden y al resto de pacientes.

La contención mecánica es una limitación intencionada y en beneficio del paciente, de la libertad de sus movimientos como parte de un tratamiento. Puede afectar a una parte del cuerpo o a su totalidad.

¡Esto es muy importante! Es una medida EXCEPCIONAL y se considera de último recurso, solo se usa cuando los procedimientos estándar han fallado. Puede ser la primera medida cuando se trata de una situación de agitación grave o riesgo inminente, tanto agresividad hacia los demás (heteroagresividad) como intención autolítica (autoagresividad). Debe usarse de la manera menos restrictiva y por el menor tiempo posible (Brophy et al., 2016; Cusack et al., 2018; Knutzen et al., 2013; Mahmoud, 2017; Mantovani et al., 2010; Perkins et al., 2012; Vedana et al., 2018).

Como bien es sabido por todos, la tendencia internacional nos invita a utilizar estrategias que limiten o minimicen al máximo el uso de la contención mecánica.

En España, la ley protege a los profesionales de la salud en el uso de contenciones, pero NO ESTÁ INDICADA en estos casos:

  • Ante posibilidad de intervenciones alternativas
  • Como método punitivo
  • Por conducta molesta
  • Como demostración de fuerza
  • Por comodidad de cuidadores
  • Como sustitutivo de vigilancia

Estas pautas y recomendaciones son un extracto de lo que puedes aprender en los cursos de EVO Training Institute sobre Tendencia Cero contención mecánica. Si deseas profundizar más en el desarrollo de estas habilidades, infórmate en nuestra página web evotraining.eu y contáctanos para recibir oferta formativa adaptada a las necesidades de tu institución.

Alonso Pérez
Enfermero asistencial e Investigador
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BIBLIOGRAFIA

Bak, J., Brandt-Christensen, M., Sestoft, D. M., & Zoffmann, V. (2012). Mechanical Restraint-Which Interventions Prevent Episodes of Mechanical Restraint?-A Systematic Review. Perspectives in Psychiatric Care, 48(2), 83–94. https://doi.org/10.1111/j.1744-6163.2011.00307.x

Bowers, L. (2014). Safewards: A new model of conflict and containment on psychiatric wards. Journal of Psychiatric and Mental Health Nursing, 21(6), 499–508. https://doi.org/10.1111/jpm.12129

Brophy, L. M., Roper, C. E., Hamilton, B. E., Tellez, J. J., & McSherry, B. M. (2016). Consumers and Carer perspectives on poor practice and the use of seclusion and restraint in mental health settings: Results from Australian focus groups. International Journal of Mental Health Systems, 10(1), 1–10. https://doi.org/10.1186/s13033-016-0038-x

Cusack, P., Cusack, F. P., McAndrew, S., McKeown, M., & Duxbury, J. (2018). An integrative review exploring the physical and psychological harm inherent in using restraint in mental health inpatient settings. International Journal of Mental Health Nursing, 27(3), 1162–1176. https://doi.org/10.1111/inm.12432

Hallett, N., & Dickens, G. L. (2017). De-escalation of aggressive behaviour in healthcare settings: Concept analysis. International Journal of Nursing Studies, Vol. 75. https://doi.org/10.1016/j.ijnurstu.2017.07.003

Kaltiala-Heino, R., Korkeila, J., Tuohimäki, C., Tuori, T., & Lehtinen, V. (2000). Coercion and restrictions in psychiatric inpatient treatment. European Psychiatry, 15(3), 213–219. https://doi.org/10.1016/S0924-9338(00)00223-6

Knutzen, M., Bjørkly, S., Eidhammer, G., Lorentzen, S., Helen Mjøsund, N., Opjordsmoen, S., … Friis, S. (2013). Mechanical and pharmacological restraints in acute psychiatric wards-Why and how are they used? Psychiatry Research, 209(1), 91–97. https://doi.org/10.1016/j.psychres.2012.11.017

Mahmoud, A. S. (2017). Psychiatric Nurses’ Attitude and Practice toward Physical Restraint. Archives of Psychiatric Nursing, 31(1), 2–7. https://doi.org/10.1016/j.apnu.2016.07.013

Mantovani, C., Migon, M. N., Alheira, F. V., & Del-ben, C. M. (2010). Managing agitated or aggressive patients Manejo de paciente agitado ou agressivo. Revista Brasileira de Psiquiatria, 32, 96–103.

McKenna, B. (2016). Reducing restrictive interventions: The need for nursing to drive change. Journal of Forensic Nursing, 12(2), 47–48. https://doi.org/10.1097/JFN.0000000000000108

Perkins, E., Prosser, H., Riley, D., & Whittington, R. (2012). Physical restraint in a therapeutic setting; a necessary evil? International Journal of Law and Psychiatry, 35(1), 43–49. https://doi.org/10.1016/j.ijlp.2011.11.008

Steinert, T., Lepping, P., Bernhardsgrütter, R., Conca, A., Hatling, T., Janssen, W., … Whittington, R. (2010). Incidence of seclusion and restraint in psychiatric hospitals: a literature review and survey of international trends. Social Psychiatry and Psychiatric Epidemiology, 45(9), 889–897. https://doi.org/10.1007/s00127-009-0132-3

Vedana, K. G. G., da Silva, D. M., Ventura, C. A. A., Giacon, B. C. C., Zanetti, A. C. G., Miasso, A. I., & Borges, T. L. (2018). Physical and mechanical restraint in psychiatric units: Perceptions and experiences of nursing staff. Archives of Psychiatric Nursing, 32(3), 367–372. https://doi.org/10.1016/j.apnu.2017.11.027