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  • ¿Qué es una agitación?
  • ¿Conocemos los motivos por los que se puede agitar una persona?

  • ¿De qué estrategias disponemos los profesionales para manejar la escalada de agitación?

Te vamos a dar cuatro estrategias para el manejo de un paciente en escalada de agitación, según la fase en la que se encuentre. También explicaremos la diferencia entre agitación y agresividad y la prevalencia de estos estados entre los pacientes ingresados y ambulatorios.

Lo primero que deberíamos hacer es definir la agresividad y la agitación. La conducta agresiva o violenta es una manifestación del impulso agresivo, este impulso está presente en todos los animales, por tanto, también en los humanos. La agresividad puede ser verbal (insultos o amenazas) o física (contra personas u objetos). Suele acompañarse de un aumento de la actividad psicomotora y de posturas de amenaza sobre el entorno que pueden llegar a la violencia (golpearse el puño, caminar en círculos por el perímetro de la habitación, sentarse en el borde de la silla, golpear paredes o puertas). Puede acompañarse de verbalizaciones agresivas o amenazantes, sin respetar límites, como acoso, amenaza, insultos.

El DSM-V define la agitación como una «actividad motora o verbal excesiva y perturbadora asociada con una sensación de tensión interior». Una progresión de la gravedad de la agitación puede conducir a conductas agresivas y violentas. Dependiendo del grado de agitación del paciente, puede existir un riesgo para su propia integridad física, para el personal y para el resto de pacientes. La agitación psicomotriz en pacientes con enfermedades psiquiátricas representa un fenómeno frecuente, no sólo en el ámbito de urgencias sino también durante la hospitalización y en contextos psiquiátricos ambulatorios. Una gestión ineficaz de la agitación puede llevar a un uso innecesario de medidas coercitivas, como la contención física, mecánica o farmacológica, escalada a la violencia y consecuencias adversos para el personal y los pacientes (Garriga et al., 2016; Hankin et al., 2011).

Etiopatogenia y psicopatología de la agresividad

Son numerosos los problemas psicopatológicos que se pueden presentar asociada a la conducta agresiva. Las formas más graves suelen presentar varios trastornos.

Diversos trastornos sistémicos del sistema nervioso central así como el abuso de sustancias, pueden ocasionar un cuadro de agitación psicomotriz y generalmente no ceden con la contención verbal, por lo que se debe recurrir a la inmovilización del paciente.

Finalmente debemos considerar las conductas violentas o agresivas que pueden desencadenar una agitación psicomotriz derivadas de causas genéticas.

Prevalencia de la agitación

El art. 48 del Tratado de Psiquiatría dice que entre un 10 y un 15% de los pacientes psiquiátricos ingresados presentan conductas agresivas. Entre los pacientes ambulatorios, la incidencia de conductas agresivas es de entre el 2 y el 4%, que es una cifra parecida a la incidencia de agresiones en la población general».

Manejo paciente agitado

Cuando se trabaja con un paciente agitado, existen cuatro objetivos principales:

    1. garantizar la seguridad del paciente, el personal y otras personas en el área
    2. ayudar al paciente a manejar sus emociones y angustia y mantener o recuperar el control de su comportamiento
    3. evitar el uso de restricciones cuando sea posible
    4. evitar intervenciones coercitivas que intensifiquen la agitación

(Richmond et al., 2012)

Teniendo en cuenta la legislación vigente en España y validados por la bibliografía existente, concluimos cuatro formas de manejo del paciente en las diferentes fases de la escalada de agitación, las cuales no son exclusivas, sino que son complementarias entre sí:

  • Gestión/manipulación ambiental y organizacional
  • Técnicas de desescalada verbal
  • Intervención farmacológica
  • Restricción física/mecánica o reclusión

Estudios internacionales demuestran que la puesta en marcha de estrategias alternativas al uso de la contención mecánica han supuesto un gran impulso para la prevención de las éstas. Las actuales guías de práctica clínica recomiendan instaurar programas que incluyan intervenciones formativas continuadas a los profesionales sanitarios, combinadas con la vigilancia, para asegurar la máxima adherencia a las recomendaciones basadas en la evidencia (Cusack et al., 2018; Hankin et al., 2011; Kuivalainen et al., 2017; McKenna, 2016; McKennaet al., 2017; Muir-Cochrane et al., 2018; Price et al., 2015).

En el próximo artículo hablaremos de las fases de la escalada de agitación y presentaremos un cuadro de indicadores e intervención en cada fase, basándonos en artículos científicos y la experiencia profesional en nuestra unidad de psiquiatría.

Esta información seguro que te ayuda en tu camino hacia la Tendencia Cero contención mecánica. Y recuerda, si tu o tu equipo estáis interesados en formación específica en este campo, no dudes en contactarnos y diseñaremos un programa formativo a vuestra medida.

Alonso Pérez
Enfermero asistencial e Investigador
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BIBLIOGRAFIA

Adorno, V. (2015). La Agitación en Psiquiatría. 3–6.

Cusack, P., Cusack, F. P., McAndrew, S., McKeown, M., & Duxbury, J. (2018). An integrative review exploring the physical and psychological harm inherent in using restraint in mental health inpatient settings. International Journal of Mental Health Nursing, 27(3), 1162–1176. https://doi.org/10.1111/inm.12432

Garriga, M., Pacchiarotti, I., Kasper, S., Zeller, S. L., Allen, M. H., Vázquez, G., … Vieta, E. (2016). Assessment and management of agitation in psychiatry: Expert consensus. World Journal of Biological Psychiatry, 17(2), 86–128. https://doi.org/10.3109/15622975.2015.1132007

Hankin, C. S., Bronstone, A., & Koran, L. M. (2011). Agitation in the inpatient psychiatric setting: A review of clinical presentation, burden, and treatment. Journal of Psychiatric Practice. https://doi.org/10.1097/01.pra.0000398410.21374.7d

Kuivalainen, S., Vehviläinen-Julkunen, K., Louheranta, O., Putkonen, A., Repo-Tiihonen, E., & Tiihonen, J. (2017). De-escalation techniques used, and reasons for seclusion and restraint, in a forensic psychiatric hospital. International Journal of Mental Health Nursing, 26(5), 513–524. https://doi.org/10.1111/inm.12389

McKenna, B. (2016). Reducing restrictive interventions: The need for nursing to drive change. Journal of Forensic Nursing, 12(2), 47–48. https://doi.org/10.1097/JFN.0000000000000108

McKenna, B., McEvedy, S., Maguire, T., Ryan, J., & Furness, T. (2017). Prolonged use of seclusion and mechanical restraint in mental health services: A statewide retrospective cohort study. International Journal of Mental Health Nursing, 26(5). https://doi.org/10.1111/inm.12383

Muir-Cochrane, E., O’Kane, D., & Oster, C. (2018). Fear and blame in mental health nurses’ accounts of restrictive practices: Implications for the elimination of seclusion and restraint. International Journal of Mental Health Nursing, 27(5), 1511–1521. https://doi.org/10.1111/inm.12451

Price, O., Baker, J., Bee, P., & Lovell, K. (2015). Learning and performance outcomes of mental health staff training in de-escalation techniques for the management of violence and aggression. British Journal of Psychiatry, 206(6), 447–455. https://doi.org/10.1192/bjp.bp.114.144576

Richmond, J. S., Berlin, J. S., Fishkind, A. B., Holloman, G. H., Zeller, S. L., Wilson, M. P., … Ng, A. T. (2012). Verbal de-escalation of the agitated patient: Consensus statement of the American Association for emergency psychiatry project BETA De-escalation workgroup. Western Journal of Emergency Medicine, 13(1), 17–25. https://doi.org/10.5811/westjem.2011.9.6864

Wilson, C., Rouse, L., Rae, S., & Kar Ray, M. (2018). Mental health inpatients’ and staff members’ suggestions for reducing physical restraint: A qualitative study. Journal of Psychiatric and Mental Health Nursing, 25(3), 188–200. https://doi.org/10.1111/jpm.12453